
Todos los personajes de la obra forman un conjunto armónico,
en que ninguno de
ellos resalta sobre los demás.
En este sentido, Casalduero dice que los personajes de
Moratín son medidas
estrictamente humanas, de una humanidad que no se individualiza,
sino que se
generaliza. Pero, doña Irene es quien de manera más visible encarna
los defectos
que Moratín se propone criticar; es una mujer ignorante,
habladora, exagerada,
egoísta y ello le lleva a concertar el matrimonio de su
hija sin pensar en ningún
momento en la felicidad de ésta. Por el contrario,
don Diego y su sobrino se rigen
por la bondad y la buena fe en sus acciones.
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